1/12/13

EL DUEÑO DE LA FERRETERIA.

DESVIRGADO POR UN VERDADERO HOMBRE.




Que día, un día lleno de sol y caluroso como pocos, ese día me puse un pantaloncillo corto, color marrón y una playera dos tallas más que la mía para permitir que el aire me refrescara. Fui a la calle buscando la sombra, al pasar por la Ferretería el dueño se me quedó mirando, es un señor cerca de los 50 años, moreno, de fuertes brazos y una pancita de esas pancitas cheleras. Yo lo vi y le sonreí con coquetería, me alejé rápidamente, en realidad el hombre me llamaba la atención aunque nunca había tenido intimidad con ningún hombre, yo sabía que me gustaría algún día estar en los brazos de uno, no me gustaban los chicos de mi edad, así que el Don me atraía realmente. Muchos chavos que como yo nos identificábamos gay, al conversar siempre ellos hablaban de los chicos guapos de la escuela…yo no es que no los admirara, si los veía atractivos pero no los imaginaba como pareja sexual, para mi eran chicos y yo deseaba estar en brazos de un hombre, y para mi los maduros eran los que yo miraba como hombres. Me encantaba mi tío político,  y él se había dado cuenta, y lo digo por que un día me sorprendió espiándolo cuando llegaba a casa, y sonriendo me dijo que por qué lo espiaba, sólo levante los hombros, entonces él tocando con su gran mano mi cabeza me dijo “no aquí en la casa”. Desde ese día, él frecuentemente me regalaba algún detalle, como muñecos de peluche, pulseras, lociones, siempre a escondidas de los demás, no quería que se pensara mal de nosotros.
        Días después volví a la Ferretería, me habían encargado unos contactos múltiples y cemento. En seguida acepté, quería mirar a ese señor que llenaba mis sueños. Llegué y él estaba como siempre, me sonrió y le pedí lo que me habían encargado, rápidamente me surtió el pedido. Había otros dos clientes que entraron junto conmigo, pero al pagarle comenzó a buscar cambio y me pidió me esperara que iría cambiar el billete, yo le dije que si… Me recargué en espera, mientras él despachó a los clientes, los cuales se marcharon quedándome solo con él y no salió a cambiar… Sacó de su caja registradora el cambio y me lo dio, pero apretó mi mano, y me guiñó el ojo, yo sólo sonreí. Me preguntó mi nombre, le respondí: “Ángel, y… usted…” con una voz muy sensual me respondió, me puse rojo, me dio pena que él me tomara la mano y la apretara, él se dio cuenta que me gustaba y aprovechó para invitarme a salir el sábado. Le dije que si, que a qué hora, me dijo que cerraba a las 8 y que si nos veíamos después, si me darían permiso… yo le dije que si, que todos los sábados salía con los amigos, pero ahora iría con alguien muy especial… Mirándome fijamente sonrió y chequeó alrededor con su mirada…Me jaló para la bodega y ahí me beso, yo respondí a sus besos y bajé mi mano para acariciar su gran bulto que se comenzaba a ponerse erecto, él me besaba metiendo su lengua en mi boca y yo gozaba realmente eso, me sentía muy bien… Alguien llamó y él me pidió esperara. Salió y después de despachar volvió. Ya calmado me abrazó y me besó y se despidió de mí recordándome nuestra cita del sábado.


        Al fin llegó el sábado, para mi un gran día… Desde muy temprano, me arreglé, comencé por ducharme y ya en el baño me animé a lo que me había aconsejado la “Meri” una “amigo” ya mayor. Me aconsejó ducharme el recto con agua tibia, que conectara una manguerita y me llenara el recto dos o tres veces soltando toda el agua, o lo hiciera hasta que saliera limpia, así estaría lista para el sexo anal. Me vestí con lo mejor que yo sentí me quedaba, mí pantalón de mezclilla celeste, mi playera negra, esa que me queda ajustada y me puse un collarín de cuentas negras, así como un pulsera del mismo material, y un anillo de plata, en forma de serpiente. A las siete me salí de casa avisando que llegaría muy tarde, que iba con mis amigos a el antro del puerto; mamá sólo me dio dinero para que nada me faltara y me pidió que me cuidara, papá ni se entero…a él por ser como soy no le importo. Una vez en la calle fui directo a la Ferretería y lo vi… ¡Qué lindo estaba mi novio! Con su pantalón de vestir azul marino, su camisa de manga larga aguamarina y su saco azul, por que ese día estaba de saco, me miró y me sonrió. Me salí y lo espere afuera. Después de más de una hora todos salieron: los empleados y al fin apareció él en su camioneta americana verde, se detuvo y yo me subí junto a él. Se enfiló hacia la salida de la ciudad, ya cuando no había tanto tráfico me abrazó, y me dijo al oído si le gustaba, sólo respondí que si…en réplica tomó mi mano, y la llevó a su bragueta. Yo lo acaricié tímidamente, pero al sentir que se ponía erecto, lo apreté más y más, él suspiraba y seguía conduciendo. Después de un gran rato entramos en un motel del camino, se metió en la primera cortina abierta, yo temblaba, sería esta mi primera vez con un maduro y mi primera vez que me entregaría a un hombre. Una vez estacionado se bajó indicándome lo esperara. Salió y pagó no se cuanto, la cortina se cerró, y fue cuando él llegó a la puerta de la camioneta, la abrió y me invitó a bajar. Caminamos hacia el interior…apagó la luz y prendió la tv. Salió de nuevo al vehículo, regresando con una bolsa y una caja. Me las entregó y me dijo: “eso es para ti, úsalos ahora…”, no dije nada y camine al baño. Grande fue mi sorpresa al abrir la bolsa y ver ropa de mujer: una faldita corta, una blusita entallada con blonda en el cuello, brassier, tanga con moñitos, medias color marrón con flores; y en la caja unas zapatillas doradas de tiritas, así como varias pinturas, de ojos y labios, pestañas postizas y una peluca, en fin todo lo que se necesita para travestirse, algo que a mí no se había ocurrido jamás. Yo me sentía bien así como era. Salí del baño y no se porque me dio tristeza y me puse a llorar. Él, que se había quitado su saco y su playera, estaba sólo en camiseta y pantalón. Se levantó y fue hasta donde yo estaba. Me preguntó:” ¿Qué pasa?, ¿te ofendí, dímelo? ”,” No llores, si no quieres vámonos”…
- Ven, si no quieres no es necesario, era sólo un deseo mío, ven…- me llevó hacia la cama, y me empezó a besar… yo eso quería, sentirme como varón en brazos de un hombre.
Me quitó mi playera, y yo me desabroche el pantalón y él me los bajó junto con mi bóxer, quedando yo desnudo…totalmente desnudo y con mi pene que es chico, —si de verdad es muy chico y testículos casi no tengo, mi pene mide solo 8 cm. Y bien erecto, dormido casi no tengo— así desnudo yo me hinqué a la vez que le soltaba el cinturón de su pantalón, el cual desabroché y cayó al suelo quedando a la vista su bóxer amplio de algodón. Me emocioné tanto que besé su pene encima de su bóxer, y los bajé para empezar a comerme a besos ese gran pene, moreno, grueso, lleno de venas, que casi no cabía en mi boca. Él se tendió en la cama, lo cual aproveché para quitarle su pantalón y su camiseta, quedando desnudo totalmente. Eso me puso a mil, ver un hombre desnudo así como yo lo había imaginado, con pelo en el pecho, con una barriga prominente, de piernas peludas y brazos fuertes, y ese olor a tabaco que me emociona y hace que casi, casi se me baje el calzón… Volví a mamar ese gran vergón que olía a sudor si y tenía un sabor ligeramente salado, y que verlo me hacia sentir una mujer, si una mujer con pene… Él me llamó y nos acostamos juntos en la cama. Nos fundimos en besos; él me besaba como loco y yo me sentía su mujer. Sus toscas manos rasposas recorrían mi espalda hasta mis pequeñas nalgas, su boca se extasiaba en la mía y mordía mi cuello, mamó mis tetas le dije que parara cuando sentí que casi me iban a sangrar. Él entonces bajo hasta mi ombligo y yo gire para poner mis nalgas a la disposición de su boca, él dudo un poco, pero sólo fue un momento. Después me las besó, me las mordió y  mamó dejándomelas marcadas. Después perdió su lengua torpemente en mi raja del culo y fue cuando comencé a gemir…Después metió sus dedos uno, dos, tres y aunque me dolía sentía un gran placer. Yo como podía acariciaba su pene, su enorme pene, media como 23 centímetros y  muy grueso, pero mi culito latía por el. Me puse en cuatro pero él me acostó, quedé boca abajo…Sentí su cuerpo sobre mí y mi corazón supo que estaba a instantes de ser poseído por ese hombre maduro, que ya me había acariciado todo. Colocó su glande en la entrada de mi culito y comenzó a empujarlo lentamente. Al sentir su cabeza pasar mi aro grité, sentí un dolor que me partía en dos, pero él me contuvo.
Sometido a él como yo lo deseaba, así sentía que él era mi hombre, y poco a poco me fue introduciendo su gran verga que rompía a su paso mis anillos, lloraba pero me sentía feliz y no sé porqué lo hice, pero empiné mi culito hacia él y metí de un solo jalón lo que aún no entraba de su miembro en mí. Él se quedó quieto y después de un rato comenzó a bombear, y fue cuando todo ese dolor se volvió placer…Él me besaba la espalda y mordía mis orejas, así estuvimos mucho rato. De repente él jadeaba y bufó como un toro, y dentro de mí sentí su carga de semen, por primera vez, caliente y espeso. ¡Qué gozo sentirlos dentro de mi!, y en el aro de mi ano sentir su conducto urinario cómo que se inflamaba, fue algo imaginado y deseado, pero que se ahora se hacía realidad. Nos colocamos de lado y sin sacarla me abrazó. Después de un rato se salió solita, pero nosotros nos dormimos. Me sentía feliz; un hombre me había hecho suyo. Al despertar, serían como las 5 de la mañana, me dieron ganas de probarla de nuevo. Él dormía, aunque roncaba me sentía excitado, así que bajé hasta su morcilla y la metí en mi boca. Poco a poco sentí como se ponía dura dentro de mi cavidad bucal. Al tenerla dura, él tomó mi cabeza y marcó el ritmo de la mamada. Cuando sentí que ya la quería, me senté sobre él y de un solo empellón la metí en mi hambriento y recién desvirgado culito. Él me quería contener, pero sólo bajé mi cara y lo besé. Me serví a gusto, sentía muy forzado mi recto pero lo gozaba como loco, él no pudo más y después de unos minutos se soltó dentro de mí… Qué satisfacción la mía recibir una vez más a mi hombre…
Me zafé cuando el terminó y me abracé a su cuerpo de macho. Cerca de las 6 nos fuimos a bañar, y ya en la luz vi que tenía los pelos y su barriguita baja llenos de sangre, si, de mi sangre de virgen. El culo me molestaba y lo sentía como dormido, pero estaba feliz, se había hecho realidad mi sueño, ser poseído por un hombre. Me llevó a casa y quedamos de vernos al otro día…

Me poseyó varias veces, hasta que me convenció de que me vistiera como mujer, y ahí si que despertó en él un animal que hasta entonces no conocía. Y me poseyó como nunca imaginé que un hombre podría…

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