24/12/13

SALDANDO UNA DEUDA AJENA...

Saldando una deuda ajena.



Gerardo es de mi edad, bueno un año más grande que yo, es mi picador desde la secundaria. Ahora tengo 19 años y él 20. Aunque soy gordito siempre fui de modales finos, hasta que un día él me llevó atrás de los talleres de la escuela y primero me obligó a mamar su verga y después me la metió, de ahí en adelante fui su nalguita de él, todos sabían que me andaba cogiendo y que yo ya era su putito.
Vivíamos por el mismo rumbo y él se dedicó a cosas no muy legales, hasta que un día me dijo que le debía dinero al “Momo”, un sujeto de aspecto patibulario, moreno, grandote y se decía que era un desalmado, un delincuente de lo peor.
Un día en una fiesta el Momo se encontraba presente y se sentó junto a mí. Yo me quise parar pero él me detuvo, estaba algo ebrio y dijo:
—…Mira gordito lo que te vas a comer un día de estos, esas nalgotas que tienes van a ser mías…siempre me ha gustado la carne blanca y que estén llenitas para que me la aguanten…
Y tomó mi mano y la puso en su entrepierna, entonces me hizo tocar la cosa más grande que yo haya sentido jamás, varios se dieron cuenta de eso pero nadie hizo nada porque le temían demasiado, cuando me dejo ir después de hacerme que se la sobara varias veces, los chicos del barrio se burlaban de mí diciendo que el Momo me iba a coger.
Cuando Gerardo me comentó que le debía dinero a ese hombre y que él le había pedido mis nalgas a cambio de perdonarle la deuda no supe que hacer.
—…Le debo dinero al Momo y no tengo para pagarle, pero dice que si tú estás con él una noche me perdona la deuda... ¿Aceptarías eso por mí?...
—… ¿Por qué me pides eso?...bien sabes que ese hombre es un maldito y además dicen que tiene una cosota bien grande…ninguna mujer se la ha aguantado….no…me da mucho miedo…
Gerardo aprovecho el amor que le tenía y me convenció, me llevó con el Momo a su casa y ahí me dejó diciendo que volvería por mí al otro día. Me quedé parado en la sala mirando hacia el piso mientras el Momo se bajaba su pantalón y su trusa para sentarse completamente desnudo en el sillón frente a mí, pude al fin ver en todo su esplendor aquella enorme vergota que empezaba a pararse y apuntar hacia arriba ayudada por las manos del negro Momo.
—... ¿Crees que te quepa esto?—dijo mientras jalaba el pellejo hacia abajo dejando al descubierto la enorme cabeza de esa descomunal vergota, yo quise huir pero el tamaño me tenía hipnotizado y clavado al piso.
—... ¡Acércate y tócala…vamos…de todos modos te la voy a meter así que ve tocando lo que te vas a comer gordita…!
—…Pero señor, eso que tiene usted está muy grande y no me va a entrar, compréndame… ¿ si quiere se la mamo y me como sus mecos pero no me la meta…me va a desgarrar mi colita…por favor no me rompa…!
…De que te entra, te entra… y cuando la tengas adentro vas a ser mía para siempre putita...¡¡Órale a mamar!!
—…Si…si señor…lo que diga…
Y me hinqué ante él y empecé a mamar esa vergota, mi boca apenas si podía abarcar tal enormidad, cada empujón de verga me hacía sentir que me ahogaba, yo seguía mamándole la verga mientras él me tomaba de mis cabellos y me empujaba su cosota para que me entrara más.
—…Ya estuvo suave… ahora viene lo bueno…!
Temblé de pavor, ese desalmado me iba a coger, me tomo del pelo y me levantó para empezar a bajarme mi pantalón y mi calzón, cuando vio mis nalgas y mis blancos pechos exclamó:
—…¡Que rico culito me voy a reventar¡...pero primero déjame mamar tus tetas, las tienes de mujer y esas nalgotas blancas como me gustan…nalgas de puta…ahhhh…¡
Me mamó las tetas y me chupó el culo, yo me sentí morir con aquello, me excité, pero de ver su enorme miembro volvió a darme miedo. Él me dijo:
—...Siéntate tu solito en la verga…mátate tu solita putita…ahhh..¡
Y me fui sentando poco a poco en esa vergota, cada centímetro que entraba en mi culito me dolía horrores hasta que sentí morir y le dije tímidamente:
—…Ya entró toda señor...ya me la metió toda…
…No putita…apenas llevas la mitad…pero ahorita te la comes toda...!
Y me jaló hacía abajo impulsando su pelvis hacía arriba metiéndome toda aquella pértiga en mi colita.
—….Aaayyyy…no, no por favor…me mata…me esta matando….aaayyyyy!
Sentí que todo se ponía negro ante mí, sentí un líquido caliente en mi abierta colita y supe que era sangre, ese malvado me había roto mi culito, me intenté poner de pie para sacar de mi ano esa manguera y cuando ya casi lo lograba volvió a jalarme hacia abajo y me volvió a ensartar en su vergota.
—…Por favor señor, me va a desgraciar mi colita….aaayyyy…me duele….me duele mucho…aayyy!
Y empezó a bombear su cipote subiéndome y bajándome, yo lloraba de dolor y entonces sucedió que el dolor dio paso al placer y empecé a gemir, empecé a disfrutar la terrible penetración.
….Aaahhhh…aaayyy… así…así…más…más….me gusta….me gusta esto …..aahhhh…¡
—…Te lo dije putita, ya eres mía….eres esclava de mi verga….deja que te llene de mecos el culo y verás como me vas a pedir más….aaaahhhh!
Cuando su semen cayó en mi maltrecho culito fue como un bálsamo para mi castigado ano que recibió goloso cada chorro de semen que él me inyectó, quedé despatarrado entre sus piernas con su vergota aún metida en mi colita hasta que esta salió sola dejando sus piernas llenas de semen y sangre.
—…¡Mira...te reventé la cola…has de cuenta que te desvirgué…ese culo ya no es el mismo…ahora es mío, me pertenece….de aquí en adelante yo soy tu nuevo dueño y tu mi putita particular…!
—… ¡Sí señor…ya soy suya…soy su puta de usted…!—contesté yo completamente vencido y dominado ante él.

De Gerardo ya ni me acordé, el Momo se encargo de decirle que la deuda estaba saldada y que yo ya era su mujer.


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